viernes, 12 de abril de 2013


Debajo de la almohada se alojan sueños que no quieres que vea:

Las atrocidades invisibles cometidas en las horas de amor.
La certeza de que el infierno no son los otros.
Llamas en la piel, en la palabra.
No.El acto no es consecuencia.
La duda es una declaración de fe.
La pobrecilla mentira va con su rebozo y la cabeza gacha. Como si la verdad fuera un diamante.
Daños envueltos en celofán rosado. Carne y punzada.

Ya no duele, aulló el condenado.
Ya no creo, gritó el redimido.
Ya no temo, susurra el que acaba de nacer.

Eres latigazo.

Intercambio mi eternidad por una vida animal
(yo escojo)
quiero ser ave o ballena.

Intercambio mi eternidad por una vida inanimada
(tú escojes)
puedo ser piedra.

¿Con quién se negocia?
¿Sin arrepentimiento?

Ya no me sorprende la vida, dice el anciano y llega la niebla y le roba el aliento.
Lo he visto todo, dice alguno, pero, del otro lado nadie viene a contarnos que pasa.

¿Cuántos lados tiene una existencia?
(pienso en el Aleph y en el momento de tu orgasmo)

Caramelo.

El lenguaje es el acto más conmovedor, más desesperado, el primero.
La obsesión por lamer el fondo de la olla donde hirvió el vacío.

Me calzo el entendimiento. La realidad no me queda.

Por las noches siento los embates.
He visto una piedra arrojada a las aguas de mi pensamiento,
siento ondas expansivas
soy un eco
voy al fondo
junto con la piedra.

Quiero un cuerpo maniquí para soportar las inclemencias del ego. Y fingir que mi rostro no es más una máscara. Siento pena por la especie y la admiro. Admiro la resistencia. La tristeza es crónica, por eso la sonrisa. El sol no se ve de frente, lo que se piensa, tampoco.



II.

Mi amor es un órgano sexual de terminaciones nerviosas larguísimas, vibra tan ronco como el árbol que se toca de madrugada.
Mi canto, materia de la carne, muere al instante mismo de nacer y permanece.
Comprender es romper tejidos con el escalpelo del ser.
Con el lenguaje puedo hacerlo todo. Inventar (te). Callarme y desaparecer (te). Fabricar espejos. Hacerlo todo con el lenguaje y con mi cuerpo. Mi cuerpo, niño caprichoso.
Mi lenguaje, fingiendo ser un adulto civilizado. Se abrazan.
Froto mi lenguaje contra ti.
Nada existe aparte del deseo, y si fuese así sería región inhabitable. Hospédate aquí (te señalo la laguna que nace entre mis costillas, ahí de donde proviene lo que digo). Colocas tu mano un poco antes de mi ombligo y entonces el lenguaje me parece pusilánime. El gozo, los dolores, Tú, están afuera: en los suburbios de lo articulable. Dice el filósofo que el enamorado colmado no tiene necesidad de escribir, y aquí estoy, desafiándolo insolentemente.
Amén está en el límite de la lengua. Lo que a ti concierne, también.
La sensación se derrama, meto los pies en sus charcos. Chapoteo.
Casa es una palabra que se me quedó vacía, por sus ventanas entra luz que proviene de la garganta.
Me desdoblo. El abrazo está hecho de voz. Voz manto. Voz velo. Voz nunca consumada.
Me desdoblo. El caparazón aguarda debajo de la cama.

martes, 6 de diciembre de 2011

Siempre No


Siempre No

Ricardo Pineda

Todos atosigaron a Miguel para que dijera algo, sólo por cortesía hacia él, para que se integrara a la reunión y a la plática. Pero cuando habló, todos callaron, su comentario había resultado de mal gusto incluso para Ismael, quien era el que nunca se reservaba nada y siempre tenía una frase negativa e incómoda. Sin más, la conversación había llegado a su final con los comentarios inapropiados de Miguel.

De alguna manera sabía todos los presentes agradecíamos el gesto; las filosofadas en grupo no eran algo de lo que disfrutáramos, se percibía la molestia de Miguel ante las conversaciones estériles y bizantinas. Al final todo era probable, pero no, mejor no. Poco a poco la conversación se fue diluyendo con los tragos. Recogimos nuestros abrigos, la navidad estaba a la vuelta de la esquina.

Raquel fingió que tenía sueño y Javier veía de reojo su reloj, con insistencia. Los abrazos de despedida y los buenos deseos no se hicieron esperar; la reunión había llegado a su final. Raquel y yo salimos junto con Claudia y Ernesto, quienes vivían cerca de nuestra colonia y nos darían un aventón a la casa. Bajamos las escaleras del edificio con pesadez, no sé si por lo copioso de la cena y los tragos o porque en realidad tenía un mal presentimiento desde antes. No quería bajar, ninguno quería hacerlo. Ernesto sí. Había algo que me impedía salir a la calle, no quería regresar a casa. En cierto modo sabía que algo iba a cambiar para siempre ese diciembre. Pero no, siempre no.

Cuando salimos, Ernesto no encontraba las llaves de su coche, buscaba entre los bolsillos del pantalón, su saco y camisa, y nada. Tal vez las había olvidado en el departamento de Ismael. Regresó al edificio y los demás lo esperamos en la calle.

El frío pegaba con violencia en nuestros rostros, estábamos rojos y reventados por el viento de ese diciembre y Claudia estaba cruzada de brazos, como enojada. Pero no. Miraba hacia los lados con nerviosismo, estaba incómoda. Me pidió un cigarrillo. El último, le dije. Se lo encendí y comenzó a fumar con rapidez. Tiró la mitad. Raquel soltó un tímido gemido, como si fuera a espetar un comentario, pero al parecer se había arrepentido. Siempre no.

Por hacer conversación retomé el comentario de Miguel, riéndome un poco con sorna para tratar de aligerar la incomodidad, pero mis palabras no tuvieron eco y fueron interrumpidas por el sonido de las botas de cuero de Claudia, que retorcía sus pies contra la acera con fuerza. Se puso los dedos en la boca.

Raquel tenía el cabello en el rostro, el viento lo golpeaba con fuerza, se lo recogió y quitó de los labios para animarse a decir algo, con un quebranto espantoso en su voz.

Había comenzado a salir con Raquel después de nueve años de conocernos, de ser amigos, pero en realidad yo nunca me llevé bien con ella: discutíamos todo el tiempo, nos perdíamos meses enteros el uno del otro, regresábamos sólo para follar desaforadamente y comer juntos, luego el malestar volvía, los fantasmas hacían su incómoda reaparición, y Raquel y yo nunca llegábamos a un acuerdo. Cuando se quemaron las naves, y nuestras rodillas comenzaron a cansarse pudimos estabilizarnos y planear; dejamos atrás los días prematuros como desempleados y partimos de cero. Nos mudamos y pusimos juntos un negocio, el cual nos hizo quedarnos más tiempo; un sortilegio de compromiso para poder tocar tierra. Tal vez. Pero no, luego no.

¿Se acuerdan cuando fuimos a Sonora, a la boda de Rogelio? Seguro que sí, empezaba a andar contigo, pero en realidad yo no quería ir, en realidad me sentía muy mal. Estaba embarazada de Ernesto, y Claudia lo sabía, ¿verdad, Clau? Y Ernesto nunca supo, y todos los demás sí. Y aborté. Por eso Miguel no quería hablar, nadie quería que nos viéramos las caras, así estábamos bien. Ustedes y sus pinches reuniones pendejas. ¿No vieron que cuando Rogelio partió el pastel, todos voltearon a ver a Ernesto?

- Ya las encontré, estaban en la secretita.

....Heredando México....: Los libros de Peña Nieto

....Heredando México....: Los libros de Peña Nieto

viernes, 12 de febrero de 2010

Día de descanso


La foto es de: http://pagafantas.wordpress.com/2008/04/13/la-noche-que-pase-con-raquel-ii-parte/

Compañeros: Les dejo este escrito y les agradezco si encuentran un tiempito en su día para dejar  sus comentarios. Nos seguimos leyendo...

Día de descanso

Hoy despertamos tarde. Tarde es un decir. Abro los ojos todos los días a la misma hora, aunque sea fin de semana, pero resulta que precisamente este día, ochenta mil años atrás se murió un prócer de la patria y cada año podemos quedarnos un ratito más en cama después de abrir los ojos. Prócer y santo. Así casi puedo recordar lo que soñaba. Se escapa de nuevo al voltear la cabeza del otro lado, hacia él. Más que una persona es un bulto caliente que permanece doblado entre las sabanas. Respiración dolorosa me parece por poco humana. Un ovillo como extensión de mi cuerpo. Otro nombre sólo para diferenciarnos. Unidos bajo las sabanas con el papel de matrimonio colgando. Mismo cuerpo retorcido en otros pliegues. Sigue roncando.

Ahora pienso en los momentos en que éramos otros, los desconocidos buscando un rato para meternos la mano. Una tibieza de carne, cabellos, espacios. Las horas apuradas. Arrancándonos después los cuerpos para continuarlos en caminos diferentes. La vida cubierta de mentiras y disimulo de los hábitos cotidianos. Luego jurarnos dejar de ser ajenos, compartir los pasos diarios. Para que esforzarnos escribiendo historias separadas, tejer enredos se convirtió en nuestro juego favorito. La junta con el jefe en la madrugada, las llamadas a deshoras, los viajes de urgencia, revisarnos los correos, pagar cuentas, levantarnos temprano.

Eso se hace. Convertir el amor en algo sensato. Dormir en la misma cama. Compartirnos los años.

Se mueve. Acabo de descubrir que tiene un rato quejándose por las mañanas. No es que no lo notara, simplemente no recuerdo haberlo pensado. Sigo un mechón de cabellos fuera de las cobijas y me encuentro su cara desparramada por la almohada. Una pequeña felicidad, cuando descubro que sigue siendo el mismo. Quizás es sólo la nostalgia de encontrarlo idéntico después de tantos años.

Lo muevo para que se despierte porque me ha cansado pensar en él. Es lo único que odio de los días de asueto, más tiempo para pensar. Estoy ansiosa por levantarme de la cama. Es siniestra está alarma que no se detona en los días normales, los de lunes a viernes y a veces los sábados. Los de irremediablemente tarde, de cinco minutitos más y cobijas pesadas. Tarde, tarde, siempre tarde. Días de Juanestarde, Juantequedastedormido, Juanyameteteabañar, Juanoestiempodebesuqueos, Juanoraleya.

Por fin me voy incorporando. A él le importan un carajo mis intenciones de no perder toda la mañana acostados. Se envuelve otra vez, acomoda la almohada y continúa en lo suyo. Para el caso lo mismo, yo sí me voy a salir a mirar como es la vida de entre semana, quiero ver como calienta el sol antes de medio día, lejos de la oficina. Agüita caliente. Me quiero dar el baño de media hora, al fin que toda la semana es aventarse agua fría y meter las piernas húmedas en las medias, la falda, la blusa, los tacones, el rímel en el camión. Juan no aprecia el esfuerzo de ser mujer. Siempre anda quejándose del dinero, que si es navidad y me tiene que comprar zapatos, que si no gana ni para vestidos en abonos, pero que bien está conmigo cuando su jefe me ve las piernas en la cena de fin de año. La belleza cuesta Juanito, dame para cortarme el pelo y hacerme rayos, para otras medias que tu esposa no es una gata con las que andas. Ya lo quiero ver con una mujer desarrapada, pero se esconde bien el mustio.

Caray ¿qué horas son estas de tocar el timbre?. Hoy es día del muerto y ni por eso se quedan en sus casas, les encanta molestar al vecino, ni loca me salgo escurriendo otra vez. Juanveabrir, Juanmestoybañando, Juaneslaultimavezque. Como toda la vida, haciéndose el que no oye y el de afuera a punto de tirar la puerta, pero estas me las paga si a la mera hora es la del Avón. Se me pega la bata de piyama, Juanconuncarajo.

Ya estoy abriendo, que demonios casi me rompes la nariz, qué en donde está, pues si no sé a quien busca, mi marido no está, bueno sí, ahí en la recamara pero ¿quién es usted?, no me callo señor porqué esta es mi casa, bueno si me callo pues. Tres tipos apestosos a cigarro, sudor bajo los ojos. Y ahora que hizo este imbécil, Juanorompunplato, Juanmoscamuerta, ahora en que lío te metiste tarado. Qué no sé nada señor, ¿de qué no sé nada?, pues de nada, sí, no quisiera pero es mi marido, no señor que ya le dije, no me agarre del cabello, vete a agarrar a la más vieja de tu casa, hijo de tu, no ya me callo, ya por favor. Juanestupido, ahora sí que la fastidiaste. Una sabe, yo te lo veía en la cara, tú andabas en fregaderas, que bueno que no te creí los trabajitos a media noche y las llamadas de tu jefe todo el día. No, cómo le explico que en esta casa no tengo lo que anda buscando, ese desgraciado, más me valiera ni conocerlo, pero no señor, tenía que casarme con él. Al maldito del Juanmentirosoidiota me lo conozco de un trago, por eso sabía que nadie llama tantas veces, pero no era una vieja infeliz, eran otras porquerías, ¿dónde te andabas metiendo?. Pues como quiera, ándele búsquele para que vea que no tengo nada, pero ese cajón no me lo toque, bueno así por las buenas lo que quiera, órale, ¿verdad que no le digo mentiras?, pero ya suélteme, ya por favor. Los otros dos se metieron a la recamara, hasta acá se oyen los gritos, ¿con quién te metiste ahora?, pero creo que ya le están pegando, pero pobrecito, hasta me compraba regalo los días de mi cumpleaños. Óigame que no me empuje, ya deje en paz a mi esposo, no, en esta casa no conocemos a ese fulano, qué no le pegue, por favor no sabemos nada, ese tampoco sé quién es. Me duele tantísimo el brazo que me tiene torcido, ¿dónde anda la Pepita que es tan chismosa?, no oirán los gritos, pobre Juan, levantándose todos los días temprano, hasta el desayuno de huevos aguados me preparaba, ya casi no lo escucho, ¿Dónde estás Juan?, ¿si me lo mataron?. Mire señor ya no le pegue, yo le ayudo nada más dígame bien, es que Juan es muy menso pero no anda en pleitos, ¿Cómo que cual Juan?, ese señor, ya suélteme yo le busco lo que no encuentra, pues sí, mi esposo se llama Juan, Juan Orozco Sarmiento, desde que tengo memoria. Les grita a los otros gorilas infelices, que este se llama Juanosequemadres, que este no es, que el pinche Raúl ya se les peló, yo me quedo parada junto al sillón de la sala y ellos Raúlamadrequelopario. ¿Y si me rompió el brazo?. Ya se largan los tres, ni el usted perdone, Judasdemierda, puercos.

¿Dónde estás Juan?

El cuarto lejos. No puedo pensar. Nocorronogritonoempujo. Nocorronogritonoempujo. Nocorronogritonoempujo. Cada vez más rápido y el corazón atascado en la garganta. Nocorronogritonoempujo. No quiero, no puedo llegar. Nocorronogritonoempujo. ¿Y si me lo mataron?

Me asomo despacito. Ahí está mi Juan, sentadito en la orilla de la cama con la nariz escurriendo de sangre, los brazos caídos, se ve como cuando nos casamos, envuelto en una tela blanca, temblando. Hacía tanto que no lo miraba. Tiene los ojos grandes y el cabello revuelto como a propósito. No dice nada pero mueve los labios, se limpia la sangre con esos calcetines que deja botados por todos lados. Me siento junto a él. Juanito estás helado.

Se vuelve a meter en la cama, yo quiero quedarme callada también, quiero descansar un rato porque hoy es día del prócer. Me voy debajo de las cobijas, bien pegada a él. Ya decía yo que era un hombre medio pendejo pero muy decente.

Juan hoy deveras nos vamos a quedar todo el día en la cama. Juanteamotanto.

martes, 1 de diciembre de 2009

MURIO ESCRITOR SERBIO MILORAD PAVIC


MURIO ESCRITOR SERBIO MILORAD PAVIC
BELGRADO, 30 (ANSA) - El reconocido escritor y novelista serbio Milorad Pavic murió en Belgrado a los 81 años, informó la agencia Tanjug citando fuentes de la familia.
Historiador de la literatura serbia clásica y especialista en lírica barroca, Pavic fue autor también de ensayos y poesía.
En occidente es conocido sobre todo por sus obras fantásticas sus novelas y relatos breves, colmados de detalles misteriosos y connotaciones esotéricas, caracterizados por la alternancia de sueño y realidad.
Según la crítica, la producción de Pavic, que ha sido traducida a varias lenguas, es un clásico ejemplo de literatura postmoderna y una alegoría de los Balcanes donde diversas civilizaciones compartieron por siglos la misma región. GAT
30/11/2009 18:07


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jueves, 26 de noviembre de 2009

Lo mismo...


Son casi las tres de la mañana. Otra vez no puedo dormir. En la calle un perro sigue a un gato con ganas de desaparecerlo. Otros perros ladran sin sentido. El camino de la escalera hasta la planta baja es muy largo y hace mucho tiempo que me prometí no tomar nada para dormir, para invitar a mi cuerpo a un estado inducido de sueños. Me persiguen ciertas obsesiones, sobre todo esas ganas de escribir, de ser un verdadero escritor y sobre todo de terminar mi novela, que como siempre se empieza alejar de lo que en verdad deseo. Tengo sed. Abandone la lectura hace un buen rato. Por momentos me digo en que diablos estabas pensando, después me digo que no tiene sentido hacer ese tipo de preguntas e intento regresar a la cama, pero ya la siento ajena y fría, pienso amanecer una vez más en vela, soñando que el mundo es todo lo que deseamos.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Esquirlas




Son tus perjumenes mujer,
los que me sulibeyan,
los que me sulibeyan,
son tus perjumenes mujer...

Llegó la contingencia, así le dicen aquí, así la conocerán todos aquellos que osen quererse ganar el pan combatiendo la elusión. Salgo de mi oficina cantando y me imagino tremendo humor, casi respirable, humor, al fin, de mujer. Camino hacia mi coche cantando, rockeando, como vulnerado por una carga emocional incomprensible pero insoportable también. Casi en grunge, nuevo ritmo me aproxima a la felicidad de la insensatez. Me es impropio acotar lo que siento, por que bien oler es sentir y el sentido mismo del olfato se recuerda como se describe. Los perjumenes me sulibeyan, me son prodigio también. Surge en mi la venganza de no tener y los perjumenes me sulibeyan. Irradia la sinrazón, la ignorancia, el desazón de tus perjumenes, mujer. Y me sulibeyan. Y como sigo caminando, sigo cantando, cuatro cuadras de Insurgentes, cuatro lineas adelantadas en una tonadita grunchera. Seventies child, world in my eyes y tus perjumenes me sulibeyan, mujer, ¿me escuchas?

No hace falta querer ver mi propio ser. No necesito ahora ver mi interior, sólo encuentro un resplandor de mi cuando recuerdo lo que me hace temblar el recodar tu aroma, que cuando no lo tengo me desespera.

Y cuando canto, camino y evado las rayitas de la banqueta, mi conciencia me secretea. Se evaporan mis ideas. Se llena de dulce la mar cuando vomita la marea. Se llena de ti mi espacio, por la nariz, cuando me sulibeyas. Se llena mi mente de ti cuando imagino los colores de las botellas de tus perjumenes, cuando imagino tu rostro en rocío y tu dulce aroma, mujer.

Y llego a mi coche, lo abordo. Respiro profundo pero es mi colonia la que lo perfuma, no puedo más recordar, no puedo más que encenderlo y escuchar el disco de Marvin Gaye que deje puesto en la mañana "Let's get it on..." Y sólo entonces, otra vez recuerdo, lo que me significas, lo que son tus perjumenes, mujer.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Todos los días me prometo no escribir más poesía y consagrarme a la novela (que paga mejor).

Y todos los días fracaso.

Me salen versos en lugar de diálogos y aforismos en vez de personajes.