jueves, 26 de noviembre de 2009

Lo mismo...


Son casi las tres de la mañana. Otra vez no puedo dormir. En la calle un perro sigue a un gato con ganas de desaparecerlo. Otros perros ladran sin sentido. El camino de la escalera hasta la planta baja es muy largo y hace mucho tiempo que me prometí no tomar nada para dormir, para invitar a mi cuerpo a un estado inducido de sueños. Me persiguen ciertas obsesiones, sobre todo esas ganas de escribir, de ser un verdadero escritor y sobre todo de terminar mi novela, que como siempre se empieza alejar de lo que en verdad deseo. Tengo sed. Abandone la lectura hace un buen rato. Por momentos me digo en que diablos estabas pensando, después me digo que no tiene sentido hacer ese tipo de preguntas e intento regresar a la cama, pero ya la siento ajena y fría, pienso amanecer una vez más en vela, soñando que el mundo es todo lo que deseamos.

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