jueves, 19 de noviembre de 2009

METODOLOGÍA DE CONSTRUCCIÓN




METODOLOGÍA DE CONSTRUCCIÓN

Supongo de primera instancia que precisamos de un método, al mismo tiempo que se me ocurre quien va a encargarse de establecerlo. Se me vienen a la mente tantas cosas, la primera es que podemos agarrarnos de lo aprendido, es decir, analizar relatos de autores consagrados, los que algunos nos da por llamar célebres y de las diversas épocas, quizá el siglo pasado o nuestros contemporáneos, aunque no pienso en nuestros contemporáneos para no quedarles a deber desde mucho antes de comenzar. La idea de leerlos, de comentarlos, es que nos sirvan como modelo, que nos orienten en el trabajo que vamos a desarrollar. Así que es simple. Leemos a un autor, hacemos nuestro análisis correspondiente (si es que esto aplica), la idea es que cada uno de nosotros como lectores podamos ir un poco más allá de lo que a simple vista se puede entender, es de alguna forma un curso inventado por nosotros pero con la gracia de que nosotros deseamos ser escritores y entonces nuestras lecturas adquieren mucho mayor importancia. Es decir lo analizado nos permite saber si estamos haciendo el trabajo que nos corresponde. Es adentrarnos en el mundo de los procesos y con ello entender que si seguimos este proceso hasta el final podemos sacarle el mayor de los provechos. Es algo que todos hemos hecho ya en las cosas que aprendimos a lo largo de nuestras vidas.

Lo más importante de tener un método en este proceso creativo es tener los elementos que nos permitan orientarnos en la tarea que nos hemos propuesto. Así que el primer paso nos lleva al punto exacto de la copia o imitación de estilos.

Pero que nadie se espante de esta que parece una loca propuesta, que muchos autores a lo largo de la historia de la Literatura lo han hecho.

El joven escritor, decía Stevenson, ha de ser sobre todo un simio diligente. Se aprende a escribir como se aprende a hablar o a caminar: fijándose y copiando con determinación y con paciencia, igual que copiaban estatuas clásicas los antiguos aprendices de pintores"

En semejantes términos se refiere Mario Vargas Llosa cuando dice en su libro Cartas a un joven novelista, que él aprendió imitando, idea que repite de Flaubert de quien dice que tanto aprendió y a quien puede que también copiara en esta idea porque el propio Flaubert lo refiere en sus cartas al decir “Lea encarnizadamente a los clásicos, chúpelos hasta el tuétano”.

Es indispensable el uso de que llamamos técnicas narrativas, escribir en primera persona (narradores internos, primero protagonistas y después testigos) a técnicas narrativas en tercera persona (narradores externos, primero omniscientes y después deficientes), o sea, un paso de una manera de elaborar más intimista a una manera más externa de narrar.
La manera intimista, la que hacemos en primera persona va siempre vinculada a una forma más fácil de narrar, es decir es algo más nuestro y que sin duda nos facilita en mucho el trabajo o la aventura de narrar, debe ser de gran ayuda para todos los que intentamos iniciarnos en este proceso, es algo que hacemos muchas veces al escribir en nuestros diarios, cartas e incluso en el email, (de hecho, la idea es comenzar esta aventura con un poco de esas herramientas, escribir una carta es la primera propuesta, aunque respetando los requisitos narrativos, lo cual nos ayudara a vincularnos con la auto reflexión y la necesidad de un trama, -sin importar lo sencillo que sea- con personajes).
Ejemplos para poder desarrollar esta primera aventura nos lo regalan Julio Cortázar o García Márquez. Quizá el juego más recurrente de estas aventuras sea el relato en primera persona (pienso en Raimond Carver para otro ejercicio), también trabajaremos historias en tercera persona, es decir técnicas más omniscientes, narradores que desde fuera de la historia nos cuentan los sucesos. Este tipo de narradores suele estar a tono fundamentalmente con el estilo decimonónico que ha sido actualizado a temáticas, entornos y tonos actuales. Con esta técnica podemos adentrarnos al mundo de Tobias Wolff y Philip Roth (aunque todo es una propuesta y el verdadero juego lo vamos armar todos con nuestras propuestas e ideas, acá se trata de sugerir no de imponer)
Esta idea desemboca en las técnicas más novedosas que del narrador externo han hecho los grandes escritores norteamericanos de la segunda mitad del siglo XX, tendiendo a sustraer propiedades del narrador omnisciente clásico para dejarlo en el llamado narrador externo deficiente que aparece en paralelo al desarrollo del guión cinematográfico: el narrador narra desde fuera como si fuera una cámara que sólo dice lo que ve y lo que oye, que conoce a los personajes sólo por sus acciones y no por lo que piensan o sienten y que una vez salidos de plano no se puede saber nada de lo que ocurre en sus vidas. Los autores que manejan esta técnica, padres del estilo y que podemos analizar son Raymond Carver, J.D. Salinger y Charles Bukowski, representantes, además, del llamado “Realismo Sucio” norteamericano.

Por último, al llegar a nuestra meta ideal de esta propuesta creativa, vamos a trabajar con una fantástica escritora norteamericana, Lorrie Moore, con la que vamos a jugar con un tipo de narrador omnisciente muy especial, que conjuga casi todos los tipos de técnicas anteriores, para que cada uno de nosotros se plantee que en el progreso de la forma literaria debe haber una posición siguiente acorde con ese devenir de la historia del arte. Lugar donde cada uno de nosotros, precisamente, va a estar situado y con quien ha de estar comprometido.

Durante los primeros ejercicios es importante trabajar el concepto de tono, considerando como tal ya no la posición técnica desde la que se sitúa el narrador sino la posición anímica (fingida o sentida) desde la que escribe el narrador y que no sólo afecta al contenido sino que afecta también a la selección de las palabras (“Lo más difícil en literatura es utilizar las palabras juntas”) y lo que conlleva consigo, tal que facilita la emanación de nuevas líneas de trabajo, nuevas ideas, (nuevos contenidos, por tanto) y afecta al ritmo -del sin duda vamos a platicar todos en su momento- y afecta, por tanto, a la concepción entera del relato. Se defiende que el tono, como decimos, es el vehículo donde debe montarse el autor para discurrir entre las ideas, los personajes y la trama, y el que permite, por tanto, ser capaz de atacar la construcción dentro del ejercicio literario, creando así mejores ficciones.
Otro aspecto que podemos trabajar seguidamente es el concepto de ritmo, analizando cuáles son las más típicas características para acelerar y desacelerar el ritmo, de los cuales podemos hacer diferentes ejercicios.
Me pasa por la cabeza que los primeros ejercicios podemos trabajarlos alejados de la construcción de diálogos, para después de unos cuatro o cinco juegos creativos empezar a jugar con ellos, quizá desde la vida del narrador externo, es decir incorporar la construcción en nuestros relatos con diálogos, quizá toda esta idea suena cansada pero es como un primer acercamiento y espero de cada uno de ustedes sus diferentes propuestas constructivas.


Igualmente, en algunos textos debemos jugar con el contenido fantástico (las propuestas de escritura exigen que se incorporen) y el resto de los relatos queda a la libre decisión aun cuando a partir de la cuarta o quinta propuesta es absolutamente imprescindible que sean realistas (esto como un ejercicio más que nos permita crecer en esta tarea que nos hemos encomendado).
Ahora que referimos al carácter realista de las propuestas, es indudable que el abanico de propuestas con relación a los estilos (si por esto entendemos los grandes bloques que por abstracción simple realiza sobre tendencias estilísticas la crítica y los medios de comunicación –y de ahí el público en general-) abarca los dos grandes estilos que han dominado la segunda mitad del siglo XX en nuestra perspectiva del mundo literario Occidental: el realismo mágico (García Márquez) y el realismo sucio americano (Salinger, Carver y Bukowski)

Son muchos elementos técnicos que deben ir recordándose y poniendo en práctica a la vez: acordarse de mantener el tono; utilizar los cambios de ritmos cuando sea de utilidad; recordar desde qué punto de vista se está narrando la historia y desde qué momento histórico (si lo hubiere) se está contando; hay que acordarse de distribuir pequeñas claves a lo largo del texto que sean familiares para los lectores; hay que justificar todo lo que aparece; hay que mantener los planos diferenciados (en su caso) entre lo que cuenta el narrador y lo que cuenta el personaje. Y muchas cosas más que debemos ir aportando al texto según lo vamos construyendo, es lo que ya hemos llamado “ingeniería de la construcción de la historia”.

1 comentario:

  1. Debo agregar que muchas o casi todas estas ideas las encontre en un sitio en Internet y me parecen buenas para manejarlas en nuestra aventura como escritores, cada uno disculpara el robo o casi la estructua misma de lo encontrado, pero en parte es el agente que puede dar movilidad a nuestro Blog mientras pensamos en otras cosas por hacer...

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