viernes, 12 de febrero de 2010

Día de descanso


La foto es de: http://pagafantas.wordpress.com/2008/04/13/la-noche-que-pase-con-raquel-ii-parte/

Compañeros: Les dejo este escrito y les agradezco si encuentran un tiempito en su día para dejar  sus comentarios. Nos seguimos leyendo...

Día de descanso

Hoy despertamos tarde. Tarde es un decir. Abro los ojos todos los días a la misma hora, aunque sea fin de semana, pero resulta que precisamente este día, ochenta mil años atrás se murió un prócer de la patria y cada año podemos quedarnos un ratito más en cama después de abrir los ojos. Prócer y santo. Así casi puedo recordar lo que soñaba. Se escapa de nuevo al voltear la cabeza del otro lado, hacia él. Más que una persona es un bulto caliente que permanece doblado entre las sabanas. Respiración dolorosa me parece por poco humana. Un ovillo como extensión de mi cuerpo. Otro nombre sólo para diferenciarnos. Unidos bajo las sabanas con el papel de matrimonio colgando. Mismo cuerpo retorcido en otros pliegues. Sigue roncando.

Ahora pienso en los momentos en que éramos otros, los desconocidos buscando un rato para meternos la mano. Una tibieza de carne, cabellos, espacios. Las horas apuradas. Arrancándonos después los cuerpos para continuarlos en caminos diferentes. La vida cubierta de mentiras y disimulo de los hábitos cotidianos. Luego jurarnos dejar de ser ajenos, compartir los pasos diarios. Para que esforzarnos escribiendo historias separadas, tejer enredos se convirtió en nuestro juego favorito. La junta con el jefe en la madrugada, las llamadas a deshoras, los viajes de urgencia, revisarnos los correos, pagar cuentas, levantarnos temprano.

Eso se hace. Convertir el amor en algo sensato. Dormir en la misma cama. Compartirnos los años.

Se mueve. Acabo de descubrir que tiene un rato quejándose por las mañanas. No es que no lo notara, simplemente no recuerdo haberlo pensado. Sigo un mechón de cabellos fuera de las cobijas y me encuentro su cara desparramada por la almohada. Una pequeña felicidad, cuando descubro que sigue siendo el mismo. Quizás es sólo la nostalgia de encontrarlo idéntico después de tantos años.

Lo muevo para que se despierte porque me ha cansado pensar en él. Es lo único que odio de los días de asueto, más tiempo para pensar. Estoy ansiosa por levantarme de la cama. Es siniestra está alarma que no se detona en los días normales, los de lunes a viernes y a veces los sábados. Los de irremediablemente tarde, de cinco minutitos más y cobijas pesadas. Tarde, tarde, siempre tarde. Días de Juanestarde, Juantequedastedormido, Juanyameteteabañar, Juanoestiempodebesuqueos, Juanoraleya.

Por fin me voy incorporando. A él le importan un carajo mis intenciones de no perder toda la mañana acostados. Se envuelve otra vez, acomoda la almohada y continúa en lo suyo. Para el caso lo mismo, yo sí me voy a salir a mirar como es la vida de entre semana, quiero ver como calienta el sol antes de medio día, lejos de la oficina. Agüita caliente. Me quiero dar el baño de media hora, al fin que toda la semana es aventarse agua fría y meter las piernas húmedas en las medias, la falda, la blusa, los tacones, el rímel en el camión. Juan no aprecia el esfuerzo de ser mujer. Siempre anda quejándose del dinero, que si es navidad y me tiene que comprar zapatos, que si no gana ni para vestidos en abonos, pero que bien está conmigo cuando su jefe me ve las piernas en la cena de fin de año. La belleza cuesta Juanito, dame para cortarme el pelo y hacerme rayos, para otras medias que tu esposa no es una gata con las que andas. Ya lo quiero ver con una mujer desarrapada, pero se esconde bien el mustio.

Caray ¿qué horas son estas de tocar el timbre?. Hoy es día del muerto y ni por eso se quedan en sus casas, les encanta molestar al vecino, ni loca me salgo escurriendo otra vez. Juanveabrir, Juanmestoybañando, Juaneslaultimavezque. Como toda la vida, haciéndose el que no oye y el de afuera a punto de tirar la puerta, pero estas me las paga si a la mera hora es la del Avón. Se me pega la bata de piyama, Juanconuncarajo.

Ya estoy abriendo, que demonios casi me rompes la nariz, qué en donde está, pues si no sé a quien busca, mi marido no está, bueno sí, ahí en la recamara pero ¿quién es usted?, no me callo señor porqué esta es mi casa, bueno si me callo pues. Tres tipos apestosos a cigarro, sudor bajo los ojos. Y ahora que hizo este imbécil, Juanorompunplato, Juanmoscamuerta, ahora en que lío te metiste tarado. Qué no sé nada señor, ¿de qué no sé nada?, pues de nada, sí, no quisiera pero es mi marido, no señor que ya le dije, no me agarre del cabello, vete a agarrar a la más vieja de tu casa, hijo de tu, no ya me callo, ya por favor. Juanestupido, ahora sí que la fastidiaste. Una sabe, yo te lo veía en la cara, tú andabas en fregaderas, que bueno que no te creí los trabajitos a media noche y las llamadas de tu jefe todo el día. No, cómo le explico que en esta casa no tengo lo que anda buscando, ese desgraciado, más me valiera ni conocerlo, pero no señor, tenía que casarme con él. Al maldito del Juanmentirosoidiota me lo conozco de un trago, por eso sabía que nadie llama tantas veces, pero no era una vieja infeliz, eran otras porquerías, ¿dónde te andabas metiendo?. Pues como quiera, ándele búsquele para que vea que no tengo nada, pero ese cajón no me lo toque, bueno así por las buenas lo que quiera, órale, ¿verdad que no le digo mentiras?, pero ya suélteme, ya por favor. Los otros dos se metieron a la recamara, hasta acá se oyen los gritos, ¿con quién te metiste ahora?, pero creo que ya le están pegando, pero pobrecito, hasta me compraba regalo los días de mi cumpleaños. Óigame que no me empuje, ya deje en paz a mi esposo, no, en esta casa no conocemos a ese fulano, qué no le pegue, por favor no sabemos nada, ese tampoco sé quién es. Me duele tantísimo el brazo que me tiene torcido, ¿dónde anda la Pepita que es tan chismosa?, no oirán los gritos, pobre Juan, levantándose todos los días temprano, hasta el desayuno de huevos aguados me preparaba, ya casi no lo escucho, ¿Dónde estás Juan?, ¿si me lo mataron?. Mire señor ya no le pegue, yo le ayudo nada más dígame bien, es que Juan es muy menso pero no anda en pleitos, ¿Cómo que cual Juan?, ese señor, ya suélteme yo le busco lo que no encuentra, pues sí, mi esposo se llama Juan, Juan Orozco Sarmiento, desde que tengo memoria. Les grita a los otros gorilas infelices, que este se llama Juanosequemadres, que este no es, que el pinche Raúl ya se les peló, yo me quedo parada junto al sillón de la sala y ellos Raúlamadrequelopario. ¿Y si me rompió el brazo?. Ya se largan los tres, ni el usted perdone, Judasdemierda, puercos.

¿Dónde estás Juan?

El cuarto lejos. No puedo pensar. Nocorronogritonoempujo. Nocorronogritonoempujo. Nocorronogritonoempujo. Cada vez más rápido y el corazón atascado en la garganta. Nocorronogritonoempujo. No quiero, no puedo llegar. Nocorronogritonoempujo. ¿Y si me lo mataron?

Me asomo despacito. Ahí está mi Juan, sentadito en la orilla de la cama con la nariz escurriendo de sangre, los brazos caídos, se ve como cuando nos casamos, envuelto en una tela blanca, temblando. Hacía tanto que no lo miraba. Tiene los ojos grandes y el cabello revuelto como a propósito. No dice nada pero mueve los labios, se limpia la sangre con esos calcetines que deja botados por todos lados. Me siento junto a él. Juanito estás helado.

Se vuelve a meter en la cama, yo quiero quedarme callada también, quiero descansar un rato porque hoy es día del prócer. Me voy debajo de las cobijas, bien pegada a él. Ya decía yo que era un hombre medio pendejo pero muy decente.

Juan hoy deveras nos vamos a quedar todo el día en la cama. Juanteamotanto.